Los eclipses, tanto solares como lunares, se dan cuando ambos astros se alinean con nuestro planeta. En el primero de los casos la Luna se coloca entre el Sol y la Tierra mientras que en el segundo de ellos, es la Tierra quien se sitúa entre el Sol y nuestro satélite. Como veremos, ambos tipos de eclipses son muy diferentes, tanto en visibilidad, duración como en espectacularidad.
¿POR QUÉ SE PRODUCEN LOS ECLIPSES?
La causa principal y necesaria para que los eclipses puedan ocurrir es la alineación perfecta de los tres cuerpos en juego. Hay que tener en cuenta que la órbita de la Luna está ligeramente inclinada (unos 5º) con respecto a la eclíptica (plano que contiene la órbita terrestre en torno al Sol). De hecho, eclíptica viene del griego para refererise a la línea donde se producen los eclipses. Durante la mayor parte del año la Luna está fuera de este plano y solo en dos momentos su órbita cruza la eclíptica, en los puntos llamados nodos lunares. Solo en estos momentos los tres cuerpos están en el mismo plano. Para que se produzca un eclipse, tienen que estar, además, alineados. Es por eso que los eclipses son fenómenos poco frecuentes que no se producen todos los meses.
Hay que tener en cuenta también otro factor: los tamaños angulares en el cielo del Sol y la Luna, vistos desde la Tierra, son prácticamente iguales (medio grado). El Sol es mucho más grande que la Luna, unas 400 veces. Sin embargo, también se encuentra unas 400 veces más lejano. Gracias a esta casualidad la Luna es capaz de tapar perfectamente al Sol durante un eclipse solar, lo cual nos permite disfutar el máximo del fenómeno, que de otro modo no sería tan espectacular (o incluso visible). Sin embargo todos los eclipses no son iguales porque las órbitas, terrestre y lunar, no son completamente esféricas y por tanto las distancias Tierra-Sol y Tierra-Luna no son siempre exactamente las mismas, modificando, por tanto, la duración y las condiciones de cada eclipse.
ECLIPSES DE LUNA
Los eclipses de Luna, como el que pudimos disfrutar el pasado 7 de septiembre, suceden cuando la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna, proyectando su sombra sobre nuestro satélite. Es importante resaltar el papel que juega nuestra atmósfera durante el eclipse. Si no hubiera atmósfera la Luna, simplemente desaparecería: la Tierra es mucho más grande que ella y taparía completamente la luz del Sol, impidiendo su reflejo sobre la superficie lunar y, consecuentemente, “apagando” su brillo (ya que la Luna no genera luz propia).
Los eclipses lunares se producen de noche cuando nuestro satélite se encuntra en el plenilunio (Luna llena) y son visibles desde todos los lugares donde ha anochecido. Por tanto, se pueden observar en una gran parte del planeta. En un eclipse lunar hay tres fases:
-Fase penumbral: es el comienzo (y final) de un eclipse de Luna, cuando nuestro satélite entra en la parte más difusa de la sombra terrestre, la llamada penumbra. Durante esta fase, que típicamente dura una hora, el brillo de la Luna llena se atenúa ligeramente. Muchas veces no es algo fácil de apreciar a simple vista.
-Fase parcial: la Luna continua su movimiento y empieza ahora a cruzar la sombra terrestre. En esta fase, que puede durar entre una y dos horas, el disco de la luna empieza a menguar de manera progresiva. A diferencia de un día normal en que la Luna está en fase menguante y en el borde no iluminado de la luna (el llamado terminador) se ven los cráteres en relieve (sensación de profundidad) y con gran detalle, durante la parcialidad en la parte oscura no se ve nada. En particular, cuando se observa con ciertos aumentos, con unos prismáticos por ejemplo, llama la atención la sensación de “planitud” de la sombra.
-Fase de totalidad: esta fase inicia cuando el disco luna se mete de lleno en la sombra proyectada por nuestro planeta. Seguramente sea la parte más llamativa del eclipse, que puede durar entre una hora y hora y media habitualmente. Es en esta fase cuando la luna adquiere su típico color rojizo. En realidad hay que decir, que el color durante la totalidad no es siempre el mismo, ya que lo que estamos viendo es la luz solar filtrada por nuestra atmósfera. Entonces, según como se encuentre esta, con una presencia mayor o menor de polvo en suspensión (debido a incendios, contaminación, erupciones volcánicas …) la tonalidad de la Luna puede cambiar considerablemente desde casi desaparecer (colores muy oscuros) hasta teñirse de un color más claro y anaranjado.
Una vez acabada la totalidad, de manera simétrica, se pasa de nuevo por una fase de parcialidad y posteriormente se termina como comenzó, con una fase penumbral. Como vemos la duración típica de un eclipse lunar suele ser de 5-6 horas (siempre y cuando esté alta en el cielo y se puedan seguir todas las fases). Creo que es obvio señalar que, a diferencia de un eclipse solar, se trata de un fenómeno seguro y no necesitamos ningún tipo de protección para su observación. Por término medio, desde un mismo lugar del planeta, se ve un eclipse lunar cada 2,5 años.
ECLIPSES DE SOL
Por su parte, como es obvio, los eclipses solares suceden durante el día, cuando la Luna (en fase nueva) se interpone entre nuestro planeta y el Sol. Los eclipses solares, a diferencia de los lunares, son visibles sólo desde una pequeña franja de nuestro planeta. Esto es debido a que la Luna es unas cuatro veces más pequeña que la Tierra y, por tanto, la sombra que proyecta desde algo menos de 400 000 km es relativamente pequeña.
En un eclipse solar hay dos fases distintas, muy diferentes entre sí:
-Parcialidad: el disco lunar comienza a pasar justo por delante del Sol. Esto hace que veamos un “mordisco” en el disco solar que va aumentando hasta hacerlo casi desaparecer. La duración de esta fase es muy parecida a la análoga lunar, empleando entre 1-2 horas. Prácticamente hasta que el disco solar no desaparece más de la mitad, entre un 50-60%, no se perciben sensaciones extrañas. A partir de entonces, poco a poco, se empieza a notar un descenso de luz que va acompañado con una bajada de la temperatura y un aumento de la presión atmosférica. Los momentos anteriores a la totalidad son muy emocionantes y muchas veces, tanto los niños más pequeños como los animales (insectos, pájaros principalmente) se alteran pensando que está anocheciendo. Es curioso tambíén como en las ciudades las farolas se encienden en estos instantes.
-Totalidad: es la parte más espectacular de un eclipse solar y uno de los fenómenos naturales más impresionantes que podemos llegar a observar. La Luna sigue avanzando y ahora ya llega a tapar el disco solar. Esto hace que la luz disminuya considerablemente y se haga momentáneamente de noche. Es algo muy emocionante que hay que vivir en primera persona y de nada sirven explicaciones como esta o incluso vídeos. Algunas de las estrellas más brillantes y planetas cercanos al Sol se hacen visibles por unos momentos. Por desgracia esta fase es muy efímera, en el mejor de lo casos puede llegar a los 7 minutos, pero normalmente nos tendremos que conformar con 2-3 minutos que, por cierto, pasan volando.
A nivel astronómico hay algunos fenómenos, muy rápidos, que merecen la pena destacar:
-Perlas de Baily: justo cuando está terminando la parcialidad y el disco solar casi ya no es visible, en el borde que está desapareciendo de repente, en un par de segundos, se ve como un “collar” formado por distintos puntos o “perlas” muy luminosas. Es debido al paso de los últimos rayos de luz solar a través de los valles y montañas de la superficie lunar, que no es completamente uniforme. Se llaman así en honor del astrónomo británico que explicó este fenómeno por primera vez en el siglo XIX.
-Anillo de diamantes: es la última de las perlas visible, una fracción de segundo antes de la totalidad. En ese momento se hace visible también la corona, rodeando el disco lunar. El efecto conjunto de la luz de la corona junto a la última perla de Baily es muy parecido a un anillo con un brillante, de ahí su nombre.
-Protuberancias y corona: un eclipse total de Sol es un momento único para observar la corona, la capa más exterma de la atmósfera solar. Es muy ténue por lo que normalmente no es visible debido al brillo de la fotosfera (que es normalmente la capa que podemos ver del Sol). También se pueden ver algunas de las protuberancias (las típicas llamaradas solares de la cromosfera) con un intenso color rojizo.
Imágenes del anillo de diamantes y la totalidad entre nubes durante el pasado 8 de abril de 2024 tomada por uno de nuestros socios desde Llano (Texas, EEUU)
No es raro que durante un eclipse, por la variación de temperatura y presión que comentaba antes se produzcan nubes en torno al Sol e incluso, acabada la totalidad, caigan algunas gotas. Terminada la totalidad, se vuelven a repetir el anillo de diamantes, las perlas de Baily y la fase de parcialidad hasta liberar completamente el disco solar y volver a la iluminación diurna habitual.
-Anularidad: en algunos casos, la luna se encuentra ligeramente más lejana de nosotros y su tamaño angular no es suficientemente grande como para tapar el disco solar. En este caso tenemos un eclipse anular. La fase de parcialidad es la misma, pero no hay totalidad. En su lugar queda un pequeño anillo del disco brillando y por tanto, aunque disminuye bastante la luz y crea una sensación extraña, no se hace de noche ni se ven los fenómenos que hemos decrito antes. Es un acontecimiento curioso pero mucho menos especutacular que un eclipse total.